Los ritmos de la ciudad siguen.
Basta solo con ver la Alameda. Aún puedo sentir ese olor a humo y puedo ver esos rayos dorados, a pesar que son las tres de la mañana y llueve.
El frío que hay, es el mismo que acaba con vidas, de todos los que corrieron con mala suerte, pero lo peor es que tambien destruye las vidas de los que solo intentan vivir, pero que son consumidos por el cansancio de nuestras ciudades, y que se duermen en verdes bancas y en dorados rayos, y sueñan sus realidades como las que hoy veo.
Flujos
martes, 25 de julio de 2006
A las
01:30
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